27/4/12

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

Pasar una noche apasionada en París, la ciudad del amor, la ciudad de las luces, subir a lo más alto de la torre Eiffel y pensar que pasaría si, de repente todo se derrumbara, un paseo en barca por el Senna, pasear, bailar una canción lenta, visitar Moulin Rouge y bañarme de madrugada en una playa apartada de la civilización, irme a la cama con alguien a quién pueda recordar la mañana siguiente y si es posible, todas las mañanas de mi vida. Despertar en Nueva York con el claxon de un coche y asomarme a la ventana donde pued comprobar que, efectivamente Nueva York es una ciudad cosmopolita, mezcla de barrios, guettos, mezcla de razas, mezcla de gente, diversidad, lo que más me gusta de este mundo. Despertarme con la mayor sonrisa de todas y aún con el cansancio de una noche deambulando por las calles ajetreadas y conflictivas de Nueva York vestirme y bajar a Starbucks a tomar un capuccino con dos sobres de azúcar, sentir el bullicio, el cansancio de un miércoles, las prisas, el estrés, miles de personas, que saben a donde van, pero ¿Saben a donde dirigirse? Coger el metro, como si fuera uno de ellos, como si de verdad esa fuera mi ciudad o como si yo perteneciera a ella y escabullirme, coger otra línea, lejos, muy lejos de esa ciudad, California, no está mal, donde nadie me conozca, y volver a empezar.
Att: Carla♥

No hay comentarios:

Publicar un comentario